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VETERANOS ZAPADORES PARACAIDISTAS EJร‰RCITO DEL AIRE



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10 de Noviembre de 1953. A medida que van pasando las horas, el recuerdo de la tragedia vivida durante el salto de la maรฑana va haciendo mella en nuestra moral, y el desรกnimo y el miedo empiezan a apoderarse de algunos compaรฑeros y hay quien piensa ya en darse de baja. Toda la moral que nos han infundido nuestros Jefes y Oficiales en los meses de instrucciรณn, se ha ido derrumbando en solo unas horas. Reflexionamos y vemos que lo que estamos haciendo no es precisamente un juego de niรฑos.

 
 
 
Por la tarde improvisan una clase especial de teรณrica de salto, en la que los profesores analizan el desarrollo de lo ocurrido y se sacan conclusiones de ello. No nos dicen nada que cada uno en su interior no haya pensado ya. El accidente se ha producido por no haberse puesto en prรกctica  las enseรฑanzas recibidas, y no haber optado nuestro compaรฑero por una soluciรณn rรกpida y segura, como era abrir el segundo paracaรญdas. Como era de esperar algรบn pesimista relaciona el 13 con todo lo que hemos pasado.

 
 
 
Antes de la cena en la formaciรณn de pasar lista, el Capitรกn de Servicio lee la orden de operaciones para el dรญa siguiente: A las ocho de la maรฑana si el tiempo lo permite, la 13ยช Promociรณn de Alumnos efectuarรก su segundo salto individual en paracaรญdas, junto con todos los Instructores, los oficiales fuera de servicio y el propio Comandante Director de la Escuela. Nos quedamos helados, y no sabemos quรฉ conclusiones sacar. Cuando pasen los dรญas comprenderemos que la decisiรณn no era ni mucho menos equivocada.
 
 
 
Por la noche se nos hace muy difรญcil conciliar el sueรฑo, ya que en nuestras mentes como en una pesadilla colectiva, se van repitiendo una y otra vez las escenas vividas por la maรฑana.
 
 
 
 
                         
 
11 de Noviembre. Hemos realizado nuestro segundo salto. En el aviรณn las caras no eran las  mismas que el dรญa anterior, todo el mundo ha permanecido callado, muy concentrado y con un extraรฑo sudor frรญo en nuestras frentes. El salto se ha realizado sin novedad y el aterrizaje ha sido perfecto. Hemos saltado todos menos uno, el compaรฑero de Mรกlaga, que amigablemente le llamรกbamos โ€œboquerรณnโ€ y que la noche anterior ya nos adelantรณ que no pensaba seguir, que con un salto ya tenรญa suficiente y que no pensaba repetir mรกs.

 
 
 
Por la tarde en Autocar nos hemos desplazado todos hasta Espinardo, para asistir al entierro de nuestro compaรฑero caรญdo Jaime Guerrero Travel, siempre te recordaremos. Descansa en Paz.

 
 
 
1 de  Diciembre. Hemos realizado nuestro cuarto salto de caracterรญsticas parecidas a los anteriores, salvo que el vuelo ha durado menos de seis minutos, ya que la escasez de aviones en buenas condiciones, hace que los restantes tengan que multiplicarse recortando los tiempos de vuelo.

 
 
 
2 de Diciembre. Nueva orden de salto. Como las predicciones meteorolรณgicas no son favorables para los prรณximos dรญas, y tenemos que completar los seis saltos reglamentarios del curso, el mando ha decidido programar saltos dos dรญas seguidos.
 
 
 
La 1ยช Patrulla de la 2ยช Escuadrilla subimos al Ju-32 nยบ 154 y el aviรณn empieza a acelerar mientras se desliza por la pista, pone al mรกximo de revoluciones sus motores, mientras se eleva sobre el reguerรณn de Sangonera y en este preciso momento se para su motor izquierdo.  
 
                
 
 
El aviรณn se inclina peligrosamente hacรญa este lado y empezamos a amontonarnos unos sobre otros. Miro por la ventanilla y observo que la punta del ala parece que vaya a tocar el suelo poco a poco volvemos a la posiciรณn horizontal y despuรฉs nos inclinamos hacรญa el lado contrario, pasando en vuelo rasante sobre un palmeral.

 
 
 
Todos sabemos que estamos viviendo un momento peligroso, pero por lo menos yo no he pensado que pueda ser fatal En pocos segundos el aviรณn va tomando un poco de altura, gira en direcciรณn a la Base y dando tumbos sobre unos campos de trigo,  que afortunadamente solo tenรญan  rastrojos, logra regresar a su punto de partida y aterrizar. Paran los motores y el aviรณn  se detiene.
 
 
 
Todos nos miramos en silencio ya que nadie se mueve ni hace el menor comentario, por la puerta de la cabina de mando sale el Piloto, el Teniente Ibiricu, se planta en medio del pasillo, nos mira y nos dice algo que no se me olvidarรก jamรกs: โ€œHoy ya podรฉis echar una perra a la hucha, pues no sabรฉis lo que cuesta aguantar quince tรญos con estas dos manos โ€œ. El teniente piloto era un vasco de constituciรณn fuerte, de una treintena de aรฑos y posiblemente su constituciรณn fรญsica y su pericia nos habรญan salvado la vida.

 
 
 
Puede ser que esta sea la causa que despuรฉs, siempre que hemos subido a un aviรณn, hemos tenido unas ganas enormes de que llegara el momento de abandonarlo. Al saltar sentรญamos un gran alivio. El paracaรญdas dependรญa de nosotros, el aviรณn no.  Embarcamos seguidamente en otro aviรณn y sin otras incidencias  realizamos nuestro 5ยบ lanzamiento.

 
 
 
La posible influencia del nยบ 13 en este caso puede haber jugado sobre seguro: Provocar el accidente o salvarnos de รฉl. Yo como ferviente partidario del numerito me quedo con la segunda opciรณn.
 



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